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jueves, 29 de marzo de 2018

Atrabesarte




Atrabesarte una y otra vez
los ojos.
Atrabesarte los párpados,
las pupilas,
las ausencias,
las brasas.
Atrabesarte el ombligo
y sus rincones salados,
orillas de mar para amores anfibios.
Atrabesarte las dunas
contagiosas
palpitantes.
Atrabesarte a conciencia
con tu complicidad.
Atrabesarte secreta
y codiciosamente.
Atrabesarte como se atraviesa un gran río,
arriesgándolo todo.


sábado, 9 de diciembre de 2017

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Presentación de Litevadura / Panaderías artesanales





La presentación de la antología de recetas artesanales y textos poéticos sobre el pan: Litevadura / Panaderías artesanales tuvo lugar en la Casa de la Panadería, emblemático lugar de la plaza Mayor de Madrid vinculado hoy al Ayuntamiento de Madrid, en una sala fastuosa desde la que, según me contaba Jesús Urceloy, los reyes y su corte contemplaban la quema en la hoguera de los sentenciados por la Inquisición. Terrible. Algo hemos avanzado ─aunque, por desgracia, no lo bastante─ de aquellos tiempos a hoy. Al menos el domingo 25 de noviembre nos reunía un motivo menos luctuoso. El pan y la palabra que allí compartimos, heterogéneos y heterodoxos, demostraban, una vez más que un hermoso proyecto puede aunar y reconciliar gustos, tendencias y escuelas bien distintas, incluso divergentes. El resultado fue un acto a la altura de la antología de la editorial Venguerén (y una cata deliciosa de panes del obrador Pan Ecológico de Segovia, incluido en el recetario).

Susana del Castillo, Mariano Gamo y Carmelo Juanís

Susana del Castillo

Carmelo Juanís

Jaime Llorente

Silvi Orión y, detrás, Victoria Eiriz

Victoria Eiriz

Mariano Gamo y Carlos de la Cruz

Eva Hiernaux y Mariano Gamo

Raquel Moreno y Mariano Gamo

Blanca Morel

Mariano Gamo

Mariano Gamo y Jesús Urceloy

Julio Castelló y Mariano Gamo / FOTO: Eva Hiernaux




domingo, 26 de noviembre de 2017

Reseña de Carlos Aganzo en La Sombra del Ciprés de El Norte de Castilla




De nadie, del hombre, de los ángeles
Mario Pérez Antolín y Julio Castelló presentan en el otoño sus nuevos libros de poemas
(Por Carlos Aganzo / blogs.elnortedecastilla.es/elavisador/ La Sombra del Ciprés / El Norte de Castilla /sábado 01.10.2016)

Editado hace ahora 15 años, el libro de Joan Gonper ‘Quinta del 63’ reúne en sus páginas una antología de poemas de 48 autores, fundamentalmente centrados en el núcleo de Madrid y Castilla y León, nacidos entre 1962 y 1964. Es decir, pertenecientes a la generación más amplia de la historia de España. Entre ellos, algunos poetas consolidados, y otros más o menos incipientes. Resultaba entonces, como sigue resultando ahora, verdaderamente difícil abarcar un universo tan superpoblado, tan rico, tan complejo... Ni siquiera el tiempo ha conseguido aclarar mínimamente el panorama, porque la mayor parte de ellos, cada uno con su ritmo, han seguido entregados a la creación; y porque la nómina ha resultado ser mucho, muchísimo más amplia.
     Perteneciente a esa misma generación, pero fuera de la lista de la ‘Quinta del 63’, porque entonces no había publicado todavía su primer libro, es el vallisoletano Mario Pérez Antolín (Stuttgart, 1964), un escritor que se estrenó en el mundo de la poesía en 2007 con ‘Semántica secreta’, al que seguiría, en 2010, ‘Yo eres tú’; y un poeta que, sin embargo, comenzaría a ser conocido sobre todo gracias a sus libros de aforismos, coincidiendo con una corriente nacional de redescubrimiento de este género. ‘Profanación del poder’, ‘La más cruel de las certezas’ y ‘Oscura lucidez’ forman una trilogía aforística que ha conseguido los más encendidos elogios por parte de pensadores como Eugenio Trías, Victoria Camps o Joan Subirats.
     A Joan Subirats, precisamente, está dedicado el último libro de Pérez Antolín –el penúltimo, si tenemos en cuenta que acaba de aparecer en México ‘Esta ínfima parte de infinito’–, de nuevo en el camino de la poesía. La última entrega literaria de un autor que, en palabras de Juan Carlos Mestre, su prologuista, representa «una voz bienaventurada entre aquellas que han hecho de la conducta de su lenguaje una manera de estar en el mundo, en los diálogos con la dignidad, en coloquio con la honradez». Un libro donde resuenan los viejos ecos sociales de buena parte de la poesía de Mario Pérez Antolín, donde se muestra su predilección por los fondos degradados y marginales, pero que en esta ocasión nos muestra a un poeta ya definitivamente ganado para la causa de la meditación profunda, del desentrañamiento del sentido puro de la existencia, entre las imágenes, más o menos dulces, más o menos ácidas, de la realidad cotidiana. Junto a ese lumpen que heredará «las pocilgas del cielo», o a la acidez de estómago, o al mandil manchado de sangre del carnicero, existe todo un universo de soledad y de sensaciones donde el poeta contempla el mundo «con la curiosidad de un niño ciego». Dudas, inquietudes, sospechas... pero también rastros de amor que se perciben con nitidez en aquel que está «acostumbrado a la inutilidad de lo más importante». Una auténtica «insubordinación de sentidos», en palabras de Juan Carlos Mestre.

     Sí estaba registrado, sin embargo, en aquella ‘Quinta del 63’, el poeta Julio Castelló (Madrid, 1963), cuyo primer libro, ‘Qherido animal’, se había publicado en 1998. A éste le seguirían ‘Sunu Gaal’, en 2006 y, en 2014, ‘Yosotros’, consolidando una carrera que ahora gana un nuevo eslabón con ‘El peligro del ángel’, seguramente su obra más personal, más completa. La expresión más brillante de «la ética del hombre que no renuncia a serlo», en palabras de su prologuista, Simón Arriaga.
     Un ángel fieramente, «estrechamente humano», protagoniza este libro en el que el poeta empieza por despojarse de todo lo superfluo, incluido el propio lenguaje, para terminar volando, con sus alas rotas, sobre el turbión del mundo. El vértigo de la libertad y del deseo, la atracción casi irresistible de la entropía, pero también la voluntad de aprovechar el vuelo, con todos sus peligros, para regresar a la tierra convertido en un hombre nuevo. Un ángel ya sin alas que se identifica con ese ejército de «insólitas palomas» que forman todos aquellos que han sido capaces de regresar vivos de sus pensamientos más íntimos, de los más complicados, los más profundos, los más oscuros; los que buscan y encuentran en la ternura «un subterfugio para abrazar la muerte o al menos sus zarpazos». Dos ejemplos de la profundidad y de la verdad poética de una generación inabarcable, donde todavía queda mucho por descubrir.


sábado, 25 de noviembre de 2017

sábado, 19 de noviembre de 2016

El peligro del ángel presentado por Rafael Soler


Rafael Soler (FOTO: Tida Coly)

(Palabras pronunciadas con motivo de la presentación de El peligro del ángel - 28 junio 2016, en la Sala Trovador de Madrid-)

SOBRE EL PELIGRO DEL ÁNGEL, DE JULIO CASTELLÓ
      por Rafael Soler

Con la inocente apariencia de un libro de poemas –buen papel, solvente editorial donde están los que son, sugerente portada, potente y desazonador título, foto del autor en la primera solapa– llegó a mis manos en los primeros días de marzo de 2014 un sorprendente artefacto lírico que me dejó sin resuello, literalmente. A veces suceden milagros así, y pasé el botín a mi santa esposa Lucía, que como muchos sabéis es lectora atenta y no se anda por las ramas. “¡Qué bárbaro!”, resumió elocuente el impacto que en ella había provocado su lectura, y yo suspiré satisfecho desde la complicidad que siempre generan los hallazgos compartidos. Hablo por hablar / como quien ladra o zumba orina o sorbe la sopa de rabia o vida antigua / … y habita un calor que no es el suyo, decían sus primeros versos para no llamar a engaño; y más adelante: escribo por escribir desde mi oscuro nacimiento / escribo como pienso rodeado de hambre asediando lo mínimo que sucede a humanidad a humedad al acecho y derribo hasta que caiga una gota una sola gota milenaria de sales y vuelves y penetras la sombra / arisco y frágil / inconsciente estalactita muda rabiosa de amanecer y de tormentas y eclipses baratos por encima de un cielo / cada día / un cielo hasta ahora despejado.

Bien, toca ya decir que estoy hablando de Yosotros, libro cuya lectura sigo recomendando a quien se pone a tiro, y que su autor no es otro que Julio Castelló, que ahora se revolverá inquieto en su asiento con ganas de susurrarme algo así como “No te lances, Rafa, que te conozco”, y vaya si me conoce este hazverso de pro, fotógrafo poeta y viceversa, hombre de bien que hace de la ética norte y guía de sus afanes, leal a sus canallas, sabio a la hora de distinguir sin un pestañeo Literatura de vida literaria; y vaya si voy a lanzarme por aquello de asumir con estas breves palabras el compromiso de poner tildes y reconocimientos en su sitio justo. Muchas gracias, querido Juanjo, por darme esta oportunidad para acompañaros hoy.

Confiesa en su excelente prólogo el bueno de Simón Arriaga, bueno por buen poeta y buena gente, conocedor de la poesía de Julio Castelló desde sus primeros escarceos juveniles, que cada vez que termina de leer uno de sus libros tiene la sensación de que va a ser realmente el último que escriba. Y no es el único, pues después del ya citado Yosotros, la pregunta inevitable entre sus afines ha sido “y ahora, ¿por dónde nos saldrá don Julio?”. Pues don Julio vuelve a primera línea con esta nueva entrega que, bajo el sugerente título de El peligro del ángel, nos ofrece un muy sólido manual de supervivencia, un testimonio de las huellas que de lo vivido, y lo perdido, y cuanto está por venir, han dejado en la piel de su autor.

Me he fabricado unas alas tan grandes / que ahora no puedo / volar, nos anuncia implacable Julio en el pórtico de su libro. Y esta inquietante paradoja es el eje vertebrador de cuanto viene luego, junto a estos versos que encontramos terciada ya la lectura: y parece que vivo / sencilla y razonablemente bien / pero yo nunca he sido razonable / pude haber elegido ser un ángel / y elegí la codicia / de un hombre desprendido de su miedo. Ahí la clave, ahí lo esencial que inspira estos poemas que nos hablan de desamparo, de búsqueda, de saludable y pertinaz incertidumbre. ¿Vivimos sencilla y razonablemente bien? ¿Somos lo que quisimos ser? ¿Hasta dónde la libertad bien llevada (la libertad da vértigo nos dice, hay ventanas / abiertas / tentadoras / nos alientan a suponer el fango / los verbos del deseo / aún intraducibles) hasta dónde la fe como equipaje (creo en tercas raíces que perforan los cuerpos / y escarban en sus noches como en la única / resurrección posible / la inquietante / sin tregua / la apacible), hasta dónde las falsas certezas que en el zurrón llevamos (y anuncio / irremediable / con mi boca suicida / una borrasca / un sinsabor de adanes descuidados / de carne acostumbrada / al encabalgamiento) hasta dónde, en fin, la búsqueda de un amor correspondido que todo lo salve? Y a ras de alondra / una mujer / que canta / ven / te ofrezco la carne / escoge / el filo / del costado enredado en la madera / la curva de la espalda o el empeine / callado de la ternura / de la celebración.

Vivir es un asunto personal, y el poeta nos invita a perderle miedo al miedo, a volar a ras de tierra sin más alas que un bien asumido desvalimiento. No es casual que este libro, en un guiño celebratorio muy propio de Julio Castelló, se terminase de imprimir exactamente 29 años después del estreno en Cannes de El cielo sobre Berlín, del maestro Wim Wenders, película magistral con magistrales textos de Peter Handke: ángeles custodios que añoran su perdida condición de simples ciudadanos disfrutando con el menú de los jueves y la ropa al sol de la vecina. En una conmovedora escena dice Bruno Ganz, el ángel protagonista, a su amigo de correrías aladas, Otto Sander, paseando del brazo: existen otros soles aparte del de allá arriba… en la profundidad de la noche hoy empezará la primavera… me van a crecer unas alas completamente distintas a las de antes, alas que admiraré de verdad.

Cuando un poeta escribe desde su verdad todo fluye en armonía, y lo escrito concierne a su lector. Es el caso de Julio Castelló, y si toda su poesía publicada responde al impulso de contarse y de contarnos, es en este nuevo libro de plumas rasuradas donde más explícito es su deseo, su necesidad me atrevo a decir, de compartir los hallazgos y lecciones que la vida ofrece. Sé leña de árbol caído, nos invita, mira a los ojos al dios de los errores, camina de la paz a la inquietud, busca entre los huesos la manera más simple de desaparecer, asume el vértigo que siempre acompaña a la libertad, canta la incertidumbre, porque nada hallarás más allá de su abrazo. De eso va El peligro del ángel, de eso va la vida.

Pude haber sido un ángel, y elegí la codicia de un hombre desprendido de su miedo. Acompañen en su viaje a este honesto, brillante, sabio muñidor de turbadoras metáforas. Pongan en su mesilla, junto al despertador de los disgustos, este libro pulcramente editado por el generoso y entusiasta Juan José Martín Ramos. Entren en sus páginas con las alas recogidas. No les defraudará. Enhorabuena, querido Julio. Y enhorabuena, queridísima Tida, por la parte que te toca, y que es mucha.

RAFAEL SOLER, 28 junio 2016

lunes, 20 de junio de 2016

Viaje a Nicaragua. Intermezzo tropical, de Rubén Darío, en El Periscopio




La vida de Rubén Darío es la de un eterno desplazado, siempre viajando de un lugar para otro, sin tener apenas residencia en un lugar fijo. Desde muy joven viaja por casi todo Centroamérica, luego por Chile y Argentina, donde publica sus primeras obras importantes y ejerce el periodismo. En 1907, tras una dichosa estancia en la isla de Mallorca, regresa a su país natal, cuya tierra no pisaba desde hacía más de quince años y donde será recibido como un héroe, como «el poeta pródigo».
Atrás había dejado a Francisca Sánchez del Pozo en Madrid en 1899. Darío le enseñó a leer y tuvo con ella cuatro hijos. Uno de ellos: Rubén Darío Sánchez, al que su padre apodaba Phocás el campesino, sería el encargado de reunir las obras completas del escritor, cuyo tomo XVII es precisamente este Viaje a Nicaragua, aunque la primera edición fue en la Biblioteca Ateneo en 1909.
Viaje a los orígenes, a su raza, a su mundo; lleno de nostalgia pero también con sus gotitas de erudición. Con una prosa opulenta, que consigue sugerir los diferentes estados de ánimo. Las descripciones de la naturaleza están embellecidas para provocar un goce estético, no en vano Rubén es el introductor en castellano del relato artístico en el que el lenguaje es tan importante como lo que se cuenta.
Viaje a Nicaragua se completa con un Intermezzo, a la manera de un concierto, que separa el libro en dos partes. Son un puñado de poemas a modo de intermedio musical, pues no hay que olvidar que Darío había hecho suyo el lema de Verlaine: «De la musique avant toute chose».
Sin duda un placer para paladares exquisitos.
                               *** Del prólogo de Miguel Losada

Félix Rubén García Sarmiento, más conocido como Rubén Darío (Metapa, hoy Ciudad Darío, Matagalpa, 1867-León, 1916), fue un poeta, periodista y diplomático nicaragüense, máximo representante del modernismo literario en lengua española. Es, posiblemente, el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico.
Desde muy joven viaja por casi todo Centroamérica, luego por Chile y Argentina, Estados Unidos y Europa, donde publica sus primeras obras importantes y ejerce el periodismo. En 1907, tras una dichosa estancia en la isla de Mallorca, regresa a su país natal, cuya tierra no pisaba desde hacía más de quince años y donde será recibido como un héroe, como «el poeta pródigo». Es en esta época en donde se inscribe Viaje a Nicaragua. Intermezzo tropical.
                                *** Nota de prensa de Ediciones Evohé