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domingo, 26 de noviembre de 2017

Reseña de Carlos Aganzo en La Sombra del Ciprés de El Norte de Castilla




De nadie, del hombre, de los ángeles
Mario Pérez Antolín y Julio Castelló presentan en el otoño sus nuevos libros de poemas
(Por Carlos Aganzo / blogs.elnortedecastilla.es/elavisador/ La Sombra del Ciprés / El Norte de Castilla /sábado 01.10.2016)

Editado hace ahora 15 años, el libro de Joan Gonper ‘Quinta del 63’ reúne en sus páginas una antología de poemas de 48 autores, fundamentalmente centrados en el núcleo de Madrid y Castilla y León, nacidos entre 1962 y 1964. Es decir, pertenecientes a la generación más amplia de la historia de España. Entre ellos, algunos poetas consolidados, y otros más o menos incipientes. Resultaba entonces, como sigue resultando ahora, verdaderamente difícil abarcar un universo tan superpoblado, tan rico, tan complejo... Ni siquiera el tiempo ha conseguido aclarar mínimamente el panorama, porque la mayor parte de ellos, cada uno con su ritmo, han seguido entregados a la creación; y porque la nómina ha resultado ser mucho, muchísimo más amplia.
     Perteneciente a esa misma generación, pero fuera de la lista de la ‘Quinta del 63’, porque entonces no había publicado todavía su primer libro, es el vallisoletano Mario Pérez Antolín (Stuttgart, 1964), un escritor que se estrenó en el mundo de la poesía en 2007 con ‘Semántica secreta’, al que seguiría, en 2010, ‘Yo eres tú’; y un poeta que, sin embargo, comenzaría a ser conocido sobre todo gracias a sus libros de aforismos, coincidiendo con una corriente nacional de redescubrimiento de este género. ‘Profanación del poder’, ‘La más cruel de las certezas’ y ‘Oscura lucidez’ forman una trilogía aforística que ha conseguido los más encendidos elogios por parte de pensadores como Eugenio Trías, Victoria Camps o Joan Subirats.
     A Joan Subirats, precisamente, está dedicado el último libro de Pérez Antolín –el penúltimo, si tenemos en cuenta que acaba de aparecer en México ‘Esta ínfima parte de infinito’–, de nuevo en el camino de la poesía. La última entrega literaria de un autor que, en palabras de Juan Carlos Mestre, su prologuista, representa «una voz bienaventurada entre aquellas que han hecho de la conducta de su lenguaje una manera de estar en el mundo, en los diálogos con la dignidad, en coloquio con la honradez». Un libro donde resuenan los viejos ecos sociales de buena parte de la poesía de Mario Pérez Antolín, donde se muestra su predilección por los fondos degradados y marginales, pero que en esta ocasión nos muestra a un poeta ya definitivamente ganado para la causa de la meditación profunda, del desentrañamiento del sentido puro de la existencia, entre las imágenes, más o menos dulces, más o menos ácidas, de la realidad cotidiana. Junto a ese lumpen que heredará «las pocilgas del cielo», o a la acidez de estómago, o al mandil manchado de sangre del carnicero, existe todo un universo de soledad y de sensaciones donde el poeta contempla el mundo «con la curiosidad de un niño ciego». Dudas, inquietudes, sospechas... pero también rastros de amor que se perciben con nitidez en aquel que está «acostumbrado a la inutilidad de lo más importante». Una auténtica «insubordinación de sentidos», en palabras de Juan Carlos Mestre.

     Sí estaba registrado, sin embargo, en aquella ‘Quinta del 63’, el poeta Julio Castelló (Madrid, 1963), cuyo primer libro, ‘Qherido animal’, se había publicado en 1998. A éste le seguirían ‘Sunu Gaal’, en 2006 y, en 2014, ‘Yosotros’, consolidando una carrera que ahora gana un nuevo eslabón con ‘El peligro del ángel’, seguramente su obra más personal, más completa. La expresión más brillante de «la ética del hombre que no renuncia a serlo», en palabras de su prologuista, Simón Arriaga.
     Un ángel fieramente, «estrechamente humano», protagoniza este libro en el que el poeta empieza por despojarse de todo lo superfluo, incluido el propio lenguaje, para terminar volando, con sus alas rotas, sobre el turbión del mundo. El vértigo de la libertad y del deseo, la atracción casi irresistible de la entropía, pero también la voluntad de aprovechar el vuelo, con todos sus peligros, para regresar a la tierra convertido en un hombre nuevo. Un ángel ya sin alas que se identifica con ese ejército de «insólitas palomas» que forman todos aquellos que han sido capaces de regresar vivos de sus pensamientos más íntimos, de los más complicados, los más profundos, los más oscuros; los que buscan y encuentran en la ternura «un subterfugio para abrazar la muerte o al menos sus zarpazos». Dos ejemplos de la profundidad y de la verdad poética de una generación inabarcable, donde todavía queda mucho por descubrir.


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